Ahorrar en el estudio geotécnico sale caro, pero más tarde
Es la partida más barata del proyecto y la que fija el tipo de cimentación, el método de excavación y el cálculo sísmico. El ahorro aparece cuando ya está hormigonado.
El estudio geotécnico es casi lo más barato que se contrata en una obra, y por eso suele adjudicarse a quien ofrece el precio más bajo. Es también el documento que fija el tipo de cimentación, el método de excavación y el espectro con el que se calcula la acción sísmica sobre la estructura. Una partida que no llega al uno por mil del presupuesto decide algo cercano a la décima parte del coste de estructura.
Empiece por cuántos sondeos se hicieron y dónde. Abra el plano de situación anexo al informe y compruebe dónde caen los puntos de perforación: vemos con regularidad informes levantados sobre sondeos ejecutados por completo fuera de la huella del edificio. El perfil del terreno puede cambiar en diez metros dentro de la misma parcela, sobre todo en suelos que fueron cauce y se rellenaron después. También es frecuente el texto adaptado del informe de una parcela vecina; las fechas de perforación y las coordenadas suelen delatarlo.
La segunda línea que importa es la clase de terreno. La normativa sísmica turca clasifica el suelo de ZA a ZF, y esa clase modifica directamente el espectro de diseño con el que se calcula la carga sísmica que recibe la estructura. Si sale mejor de lo que es, el edificio se calcula más débil de lo debido; si sale peor, se paga armadura y secciones que nadie necesitaba. El informe debe decir con claridad si la clase procede de una medición de velocidad de onda de corte o solo de los golpeos del ensayo SPT.
En tercer lugar, la evaluación de licuefacción. En suelos arenosos sueltos y saturados existe una posibilidad real de que el terreno pierda capacidad portante durante un terremoto, y eso se calcula aparte. En la franja costera de Estambul y en los valles rellenos de aluvión no se puede omitir. Cuando aparece riesgo de licuefacción cambia el tipo de cimentación y hace falta tratamiento del terreno: ambas cosas entran en el presupuesto antes de la licencia, no después.
En cuarto lugar, el nivel freático. Esa sola línea determina el tipo de impermeabilización de los muros de sótano y si la excavación necesita entibación y agotamiento. Si el agua está por encima de la cota de excavación habrá que bombear de forma continua, y es el coste que más veces se queda fuera de la planificación. La estación del año en que se tomó la medida también cuenta: un nivel registrado a finales de verano no es el que encontrará en primavera.
Si el informe devuelve clase ZF o exige una investigación específica del emplazamiento, hay que rehacer el calendario en torno a ello. Ese no es el mal resultado. El malo es que ese mismo terreno pase como clase estándar y el problema aparezca en fase de cimentación.
La media hora más útil que puede invertir un propietario es esta: consiga el informe, abra los registros de sondeo y el plano de situación, y compruebe usted mismo si los puntos de perforación caen dentro de la huella del edificio. Después mire la fecha. Un estudio encargado hace cinco años para otro proyecto no se puede reutilizar para el edificio de hoy sin reevaluarlo. Esa comprobación lleva media hora, y lo que esconde ya no se corrige una vez hormigonada la cimentación.
